Acusan a Cardenal Errázuriz de presionar a víctimas de abusos sexuales de sacerdote Karadima

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“Por años, funcionarios eclesiásticos, incluido el cardenal Francisco Javier Errazuriz, arzobispo de Santiago, intentaron avergonzar a los acusadores para que abandonaran sus reclamos”

Prensa extranjera entrega antecedentes inéditos de caso Karadima.

Ex líder católico chilenoserá interrogado por supuesto abuso sexual

 By y RACHEL DONADIO

The New York Times

ALEXEI B. PASCALE

SANTIAGO, Chile

En abril del año pasado, el reverendo Juan Esteban Morales, director de la parroquia católica de la localidad, visitó al Dr. James Hamilton en su clínica para hacer una petición inusual: que dejara de buscar la anulación de su matrimonio.

No era una mera cuestión de que le diera otra oportunidad al matrimonio. Más bien, Hamilton dijo que le advirtieron que la anulación podría «afectar seriamente la imagen» y salud de uno de los sacerdotes más influyentes y respetados de Chile.

La razón: Hamilton escribió en su solicitud de anulación que el cura, Fernando Karadima, había empezado a abusar de él cuando tenía 17 años, dañando irreparablemente la relación que tenía con su esposa.

«Nadie ha mostrado compasión alguna por mí», contó Hamilton que le había dicho a Morales, quien también es médico. «Mi vida fue destruida, y me sorprende que alguien como usted, un colega y sacerdote que tiene que proteger a las almas cristianas, me pidiera hacer algo como eso».

La protección al parecer está terminando. Hace algunos días, un juez ordenó que Karadima, de 80 años y otrora líder espiritual sin igual, con varios obispos y docenas de curas como discípulos, sea interrogado en relación con cargos de abuso sexual por al menos cuatro jóvenes parroquianos.

Muchos en Chile esperan que el Vaticano, que actualmente conduce una investigación sobre los cargos, falle sobre el caso de Karadima cualquier día.

A medida que el escándalo ha crecido en torno a las acciones de Karadima, ha hecho que surjan nocivas interrogantes respecto a la razón por la cual la Iglesia chilena ocultó los alegatos durante tanto tiempo. Esta nación, muy conservadora, fue sacudida desde que el tema se volvió del dominio público este año, opacando la imagen de respetadas figuras de la iglesia que brindaron protección a Karadima.

Por años, funcionarios eclesiásticos, incluido el cardenal Francisco Javier Errazuriz, arzobispo de Santiago, intentaron avergonzar a los acusadores para que abandonaran sus reclamos.

Los primeros informes de abuso por parte de Karadima llegaron a Errazuriz a mediados del 2003, meses después que la Conferencia de Obispos Chilenos emitiera procedimientos para el manejo de casos de abuso sexual en los que hubiera curas involucrados. En una carta dirigida al cardenal, un joven parroquiano, José Murillo, contó abusos que sufrió, dando por hecho que se abriría una investigación.

El cardenal envió una nota de respuesta, diciendo que estaba rezando por Murillo, pero no abrió investigación.

El padre Marcelo Gidi, experto en derecho canónico, dijo que a base de las normas de la Iglesia chilena, un simple informe de presuntos abusos debería haber bastado.

Las inquietudes respecto a Karadima se remontaban incluso más atrás. Un publicista que creció cerca de Karadima declaró ante un tribunal que, en 1984, él y un grupo de parroquianos enviaron una carta al arzobispo Juan Francisco Fresno, quien posteriormente se convertiría en cardenal, quejándose de la «conducta inapropiada» de Karadima. Más tarde, el publicista se enteró que la carta había sido «rota y descartada», dijo.

En 1995, después de soportar insinuaciones sexuales de Karadima, Murillo, en esa época de 19 años, enfrentó al cura. Poco después, relató Murillo, Karadima, iracundo, y uno de sus discípulos, el padre Andrés Arteaga, quien actualmente es obispo, lo arrinconaron en una sala de juntas.

«Me humillaron, y Arteaga me trató realmente mal, poniendo en duda mi inteligencia» (…)

Karadima le había pedido a Murillo que lo acompañara a su habitación en la parroquia para confesarse, dijo Murillo. Un obispo estaba ahí cuando llegaron.

El obispo, con mirada nerviosa, se marchó. Mientras Murillo le hablaba sobre su vida, el sacerdote tocaba la pierna del joven hombre y sus genitales, después bajó el cierre de sus pantalones e intentó masturbarlo, dijo.

«Lo detuve y marché llorando», contó Murillo.

En junio del 2004 el cardenal nombró al reverendo Eliseo Escudero para que condujera la primera investigación sobre Karadima.

En el 2006, Escudero hizo su informe dirigido al cardenal, declarando que él creía que «los acusadores tenían credibilidad y sugiriendo algunos cursos de acción».

Sin embargo, Errazuriz suspendió la investigación durante más de tres años.

La investigación de la Iglesia se reanudó a finales del año pasado, y en junio el cardenal envió al Vaticano un expediente de 700 páginas sobre el tema.

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