Los laberintos y el acceso a lo Sagrado

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13-labyrinthe-de-chartres-omega-1-720x735El término “laberinto” normalmente hace pensar en un cruce de caminos que ofrece muchas alternativas, pero que a menudo conduce a calles sin salida, a un edificio o a un jardín de diseño intrincado y complejo, o a una situación oscura y oprimente en la que se corre el peligro de perderse. Sin embargo esta es una formulación helenística, correspondiente al período de máxima difusión de la cultura griega, que luego se consolidó hasta el punto de aparecer en muchos diccionarios como la única definición. Los laberintos más antiguos – desde los grabados rupestres encontrados entre otros lugares en España, Serdeña, Arizona e India – son sin embargo aquellos de curso único, que presentan una sola vía y no existe ninguna posibilidad de perderse. Laberintos de este tipo aparecen sucesivamente en culturas muy diferentes entre ellas, pero unidas por la esperanza del renacimiento y la creencia en la vida después de la muerte.

La forma se repite con algunas variaciones (a veces los laberintos son circulares, o bien octogonales o cuadrados, a veces tienen once espirales, otras veces menos), pero la función y el significado son los mismos: un recorrido de iniciación y de contacto con lo Sagrado, como muerte y renacimiento simbólico. Dos ejemplos precisos pueden ilustrar el hilo invisible de una espiritualidad que recorre los milenios y se manifiesta en lugares y momentos distintos: los laberintos de las catedrales góticas francesas y aquellos de pasto ingleses y alemanes.

Las catedrales góticas surgen en toda Europa en un período de gran ebullición espiritual y su construcción involucra a comunidades completas, en una reedición de los esfuerzos colectivos de las civilizaciones neolíticas, comprometidas durante generaciones completas en la creación de los magníficos templos. Aquellas dotadas con enormes laberintos que se pueden recorrer y constituyen la meta de los peregrinajes masivos, se concentran en el norte de Francia; a primera vista se trata de algo desconcertante, que adquiere un nuevo significado al relacionarlo con la necesidad imperiosa por parte de Iglesia de evitar el resurgimiento de otras herejías como la de los Cátaros, reprimida con sangre con la terrible Cruzada de los Albigenses que dio pie para la creación de la Inquisición. Los laberintos de las grandes catedrales podrían por lo tanto representar la salida que ofreció la Iglesia a la necesidad de contacto con lo Sagrado y al fervor místico en el que se basaban los movimientos herejes. La cruzada de los Albigenses había contado entre sus protagonistas con los grandes señores del norte de Francia, que habían terminado fortalecidos con tierras y con poder, que estaban dispuestos a defender desde esa nueva posición ante cualquier amenaza: otro motivo que podría explicar la concentración en esa zona de los laberintos que se pueden recorrer.

Se puede entonces formular a hipótesis de que los laberintos recorribles hayan sido pensados y diseñados para permitir a los fieles y a los peregrinos que acudían aEl término “laberinto” normalmente hace pensar en un cruce de caminos que ofrece muchas alternativas, pero que a menudo conduce a calles sin salida, a un edificio o a un jardín de diseño intrincado y complejo, o a una situación oscura y oprimente en la que se corre el peligro de perderse. Sin embargo esta es una formulación helenística, correspondiente al período de máxima difusión de la cultura griega, que luego se consolidó hasta el punto de aparecer en muchos diccionarios como la única definición. Los laberintos más antiguos – desde los grabados rupestres encontrados entre otros lugares en España, Serdeña, Arizona e India – son sin embargo aquellos de curso único, que presentan una sola vía y no existe ninguna posibilidad de perderse. Laberintos de este tipo aparecen sucesivamente en culturas muy diferentes entre ellas, pero unidas por la esperanza del renacimiento y la creencia en la vida después de la muerte.

La forma se repite con algunas variaciones (a veces los laberintos son circulares, o bien octogonales o cuadrados, a veces tienen once espirales, otras veces menos), pero la función y el significado son los mismos: un recorrido de iniciación y de contacto con lo Sagrado, como muerte y renacimiento simbólico. Dos ejemplos precisos pueden ilustrar el hilo invisible de una espiritualidad que recorre los milenios y se manifiesta en lugares y momentos distintos: los laberintos de las catedrales góticas francesas y aquellos de pasto ingleses y alemanes.

Las catedrales góticas surgen en toda Europa en un período de gran ebullición espiritual y su construcción involucra a comunidades completas, en una reedición de los esfuerzos colectivos de las civilizaciones neolíticas, comprometidas durante generaciones completas en la creación de los magníficos templos. Aquellas dotadas con enormes laberintos que se pueden recorrer y constituyen la meta de los peregrinajes masivos, se concentran en el norte de Francia; a primera vista se trata de algo desconcertante, que adquiere un nuevo significado al relacionarlo con la necesidad imperiosa por parte de Iglesia de evitar el resurgimiento de otras herejías como la de los Cátaros, reprimida con sangre con la terrible Cruzada de los Albigenses que dio pie para la creación de la Inquisición. Los laberintos de las grandes catedrales podrían por lo tanto representar la salida que ofreció la Iglesia a la necesidad de contacto con lo Sagrado y al fervor místico en el que se basaban los movimientos herejes. La cruzada de los Albigenses había contado entre sus protagonistas con los grandes señores del norte de Francia, que habían terminado fortalecidos con tierras y con poder, que esta las catedrales un contacto directo con lo Sagrado, a través de un recorrido que, aunque encuadrado en un contexto cristiano, no tenía necesidad de dogmas, intermediaciones ni jerarquías. O sea justamente el núcleo que hace que una herejía sea peligrosa para el poder de la Iglesia. Tal vez esta sea la verdadera razón, mucho más profunda que la molestia por los gritos de los niños que se da como explicación “oficial”, que llevó a la destrucción posterior de los laberintos y que limita incluso actualmente su visita en la catedral de Chartres, cubierto con sillas salvo los viernes de los meses de verano.

Recorrer los enormes laberintos de las catedrales exigía paciencia y permanencia, desestabilizaba y hacía perder las referencias. El único apoyo era la fe en que en algún momento el peregrino llegaría al centro y a la ”iluminación” así como al renacimiento tanto anhelado.

Alkborough

La forma de los laberintos de las catedrales góticas reaparece en aquellos de pasto ingleses y alemanes, de los cuales todavía sobreviven una decena de ejemplares. Su ubicación al aire libre, a menu8do en la cima de alguna colina, cerca de vertientes o cursos de agua y coincidiendo con lugares sagrados para culturas precedentes, hace pensar en una enésima manifestación de una búsqueda de lo Sagrado relacionada con el contacto con la naturaleza y la celebración de sus dones, una espiritualidad alegre y profunda, en la que lo divino no se opone a lo terreno.

Un hilo invisible pero potente relaciona a los ritos de fertilidad de las civilizaciones agrícolas del Neolítico con las danzas, las carreras y las procesiones que tenían lugar en las fiestas primaverales de las comunidades sucesivas, las que de todas maneras dependían de los cultivos de los campos y del pastoreo para su sobrevivencia. Las antiguas celebraciones fueron trasladadas a un contexto cristiano relacionado con la Pascua, pero sobretodo en el hemisferio norte en las fiestas de mayo conservan las características alegres y de trasfondo sensual que probablemente explican la destrucción de tantos laberintos de pasto por parte de los puritanos ingleses. Su sentido profundo se pierde con el correr del tiempo, para diluirse en diversiones inocuas o terminar relegado a los jardines privados. El vallado por parte de los propietarios de los terrenos comunes donde a menudo surgían los laberintos de pasto, lleva a su desaparición y a la pérdida de una dimensión comunitaria que iba más allá de los aspectos únicamente materiales.

Destruidos, olvidados o malinterpretados, los laberintos siguen comunicando su profundo significado a quienes se les acercan en actitud de humilde y atenta búsqueda: recorridos construidos por el ser humano en épocas y contextos diversos, pero siempre con el propósito de facilitar el acceso a lo Sagrado.

La monografía de la que se ha tomado esta breve síntesis estudia el significado y la función de los laberintos en culturas y lugares lejanos y diferentes, tratando a través de lecturas, estudios e investigaciones de campo, deverificar la hipótesis de que ellos constituían un recorrido de acceso a lo Sagrado.

El texto completo se puede descargar desde:

http://www.parcocasagiorgi.org/centro-studi/category/435-anna-polo-i-labirinti-e-l-accesso-al-sacro.html

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