TRUMP TERMINARÁ CON UNA BALA EN LA CABEZA

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Busch y la CIAEs el comentario al interior de la CIA y del Servicio Secreto.   El carácter inmanejable e imprevisible del nuevo presidente de Estados Unidos, más su fortuna personal, que le permitió financiar su campaña, impiden que los intereses del complejo militar industrial norteamericano tengan un acercamiento confiado a la nueva administración.

Los anuncios de reducción del gasto militar en el presupuesto para destinarlo a obras públicas para reactivar la economía  y  la eliminación del paraguas de protección a Europa, Japón  y Corea del Sur  mientras no paguen los gastos de defensa tienen a los cabilderos de la industria más importante de USA con un grave estrés.

La distención mundial no es negocio para ellos.   El entendimiento con Rusia y el compromiso de no invadir Cuba le costó la vida a John Kennedy, el 22 de noviembre de 1963.

El nivel de desesperación del establishment  lo ha llevado a cometer la imprudencia de involucrar en el debate público a los servicios de inteligencia, sus tradicionales servidores en la sombra.

“El análisis de la comunidad de inteligencia es que el objetivo de Rusia era favorecer a un candidato sobre el otro, para ayudar a que Trump resultara elegido”, dice el Washington Post citando a un funcionario con conocimiento de los informes de las agencias.

La acusación lanzada por los servicios de inteligencia del imperio sobre la victoria de Trump, ha tenido una respuesta del nuevo presidente que no ha dejado indiferente a nadie por la crudeza y relevancia de la misma.

Al referirse a tales agencias de inteligencia señaló: “Esta es la misma gente que dijo que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva”.

Ello se sabía extraoficialmente, pero ahora es confesado como una certeza por quien ha sido elegido como la primera autoridad de Estados Unidos.  La conclusión es obvia: la última guerra con Irak fue una agresión injustificada, fundada en las mentiras de un presidente norteamericano, George Bush hijo, que, gracias a las manipulaciones mediáticas, destruyó un país para beneficiar al complejo militar industrial que lucró con la guerra,  con la reconstrucción de lo que habían destruido y con la apropiación ilegal de las riquezas petroleras. El precio de la sangre lo pagaron los pobres de siempre.

Trump, ha señalado privadamente que si siguen estas maniobras en su contra revelará que el ataque del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas, fue un autoatentado planificado desde Estados Unidos en colaboración con el gobierno de Arabia Saudita, para legitimar la invasión a Irak.

El Estado de Israel estaría inquieto por esta escalada que lo podría comprometer.

Obama y Hillary Clinton también han sido los destinatarios de esta advertencia ya que podrían ser interpelados por Trump a dar explicaciones de la operación de la supuesta muerte de Osama Bin Laden, en Pakistán, el 2 de mayo de 2011. Si Osama sigue vivo o fue asesinado y lanzado al mar, como lo divulgaron fuentes oficiales, se evitó que fuera colocado frente a un tribunal, como lo exigían muchos investigadores independientes, para juzgar, conocer y escuchar a quien se sindicaba como el culpable del ataque…o su doble.

La CIA tiene experiencia en resolver estas eventualidades preparando operaciones encubiertas con individuos solitarios que podrían tener la idea obsesiva de pegarle un balazo al presidente de Estados Unidos motivados por razones nacionalistas frente a un acercamiento de Washington a Moscú o en temores de otro orden. El programa MK Ultra, sigue vigente en los mismos términos que tuvo en sus principios cuando contaba con la colaboración de la Universidad de Harvard.  Por lo pronto, la “compañía” está infiltrando el círculo más cercano de Trump, con objetivos especiales como su esposa eslava y el vicepresidente para el caso en que faltare el presidente.

Por ahora, no quieren más revelaciones sorpresas de WikiLeaks.

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