LA HERENCIA DE ESTADOS UNIDOS EN LIBIA: UN MERCADO DE ESCLAVOS

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Fuente: BBC

Libia está sumida en el caos desde la salida del poder en 2011 de Muammar Gaddafi.

Mientras Siria  y Venezuela están en el tapete mundial, nadie parece analizar o al menos recordar las herencias dejadas por  las intervenciones militares de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán, Iraq y Libia.

No hubo transición a la Democracia o al respeto a los Derechos Humanos que tanto prometieron los líderes norteamericanos para justificar tales agresiones. 

Tras la caída de Muamar Gadafi con ayuda de la OTAN, Libia derivó a una suerte de reino de taifas en el que multitud de grupos armados se resisten a deponer el poder conseguido mediante las armas. En agosto de 2014 los enfrentamientos entre los grupos rivales adquieren carácter de una nueva guerra civil.

Actualmente, cientos de migrantes que cruzan África en su camino a Europa son vendidos y comprados en mercados de esclavos, según la Organización Internacional de Migraciones. A los hombres les obligan a trabajar en la construcción o exigen a sus familias el pago de un rescate. Las mujeres son esclavizadas sexualmente.

Por si tener que abandonar su casa y recorrer miles de kilómetros hacia lo desconocido superando numerosos peligros fuera poco, centenares de migrantes africanos también están siendo vendidos en “mercados de esclavos”, como si fueran mercancía.

Empleados de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) tuvieron conocimiento de la existencia de estos mercados en Libia, donde los jóvenes son vendidos y comprados para trabajar, como cebo para exigir un rescate a sus familias y también, en el caso de las mujeres, como esclavas sexuales.

Migrantes con habilidades específicas, como la pintura o la colocación de azulejos, son vendidos a precios más altos, le dijo el jefe de la OIM en Libia, Othman Belbeisi, a la BBC.

Uno de los casos que documentó la organización fue el de un migrante senegalés, al que la OIM se refiere como SC para proteger su identidad, que cayó en una situación dramática en el camino para llegar a Libia a través del desierto.

La odisea de SC

Los problemas de SC empezaron al llegar a Agadez, un polvoriento pueblo en el límite sur del desierto del Sahara conocido por ser uno de los centros de las rutas migratorias que recorren el continente africano hacia el norte.

Solo este año, más de 311.000 personas han pasado por allí en su camino hacia Argelia y Libia.

En Agadez, a SC los traficantes le dijeron que tenía que pagar US$320 dólares para poder seguir su camino.

Uno de ellos le dio alojamiento hasta el día previsto para la salida, donde pasarían a buscarlo en camión.

El grupo logró tras dos días de viaje llegar a Sabha, en el suroeste de Libia, un peligroso recorrido en el que muchos otros migrantes han muerto.

Aunque no hay cifras oficiales, numerosos testigos han relatado cómo en ese camino han visto los restos en pleno desierto de otros migrantes que fueron abandonados por los conductores de los vehículos que los transportaban.

También existen reportes de camiones asaltados por bandidos que se llevan el combustible.

SC, sin embargo, logró sobrevivir al viaje, aunque cuando llegó a Sabha el conductor del camión insistió en que el traficante no le había pagado y, con esa excusa, llevó a los migrantes a una zona de aparcamiento, en la que SC vio un verdadero mercado de esclavos.

Allí, migrantes subsaharianos eran vendidos y comprados por ciudadanos libios.

A SC lo “compraron” y lo llevaron a su primera “cárcel”, una casa privada donde más de 100 migrantes estaban atrapados como rehenes.

Los secuestradores obligaban a los migrantes a llamar a sus familias y, mientras hablaban con sus familiares, eran golpeados para que éstos pudieran escuchar cómo eran torturados.

A SC le dijeron que su liberación costaría unos US$480, una cantidad que él no podía conseguir.

Luego, fue “comprado” por otro libio, que lo llevó a una casa más grande, donde le dijeron que tenía que pagar unos US$970 a través de Western Union o Money Gram a alguien llamado ‘Alhadji Balde’, quien estaba supuestamente en Ghana.

Según el informe de la OIM, SC logró reunir algún dinero de su familia y trabajó como intérprete para los secuestradores para evitar que le siguieran golpeando.

Otros migrantes que no podían pagar fueron asesinados, o los dejaron morir de hambre.

Otro testigo que logró reunir fondos para su liberación tras nueve meses de cautividad, fue llevado al hospital en un estado severo de malnutrición, cuando pesaba 35 kilos.

SC le dijo a OIM que cuando alguien moría o era liberado, los secuestradores volvían al mercado a “comprar” más migrantes para reemplazarlo.

Las mujeres también eran compradas por hombres que las llevaban a sus casas y las forzaban a ser esclavas sexuales.

Violaciones y maltrato

“En los últimos días, he hablado sobre estas historias con varios que me contaron cosas horribles”, contó por su parte un trabajador de la OIM en Níger.

“Todos me confirmaron los riesgos de ser vendidos como esclavos en plazas o garajes en Sabha, bien por los conductores o por personas locales que reclutan a los migrantes para que lleven a cabo trabajos, sobre todo en la construcción, y luego en lugar de pagarles, los venden a otros compradores” detalló.

“Algunos migrantes, sobre todo de Nigeria, Gana y Gambia, son obligados a trabajar para los secuestradores o traficantes sexuales como guardas en las casas de secuestro o en los propios mercados”, añadió este trabajador.

Otro caso conocido por la OIM fue el de una mujer joven a la que secuestradores somalíes mantienen en un almacén cerca del puerto libio de Misrata.

Su marido e hijo viven en Reino Unido desde 2012 y han estado recibiendo pedidos de dinero.

Creen que la víctima está siendo sometida a violaciones y maltrato físico.

El marido ha pagado a través de familia y miembros de la comunidad somalí US$7.500, aunque recientemente los secuestradores le están pidiendo un segundo pago.

“Lo que sabemos es que los migrantes que caen en manos de traficantes se enfrentan a una sistemática malnutrición, abusos sexuales e incluso el asesinato”, dijo Mohammed Abdiker, director de Operaciones y Emergencias de la IOM.

“Nos hablan de la existencia de tumbas masivas en el desierto”.

El infierno del Sahara

La existencia de traficantes inescrupulosos no es sin embargo la única razón por la que el desierto del Sahara se ha convertido en un gran peligro para los migrantes.

En un reporte de julio del pasado año, la organización 4mi, afiliada al Consejo Danés para los Refugiados, dijo que “migrantes y refugiados del Cuerno de África que llegan a Libia, Egipto o Europa indican consistentemente que puede haber más muertos cruzando el Sahara que en el Mediterráneo”.

En un reportaje de 2015, un traficante de personas explicaba al diario The Guardian por qué es tan peligroso cruzar el desierto en un viaje que suele durar entre tres y seis días.

“El camino tiene un aspecto distinto cada vez, debido a las tormentas de arena que cambian la forma del desierto”, decía Cisse Mahamadou.

Si los traficantes no conocen el desierto como la palma de su mano, se pierden. Y si se pierden, se quedan sin gasolina y luego sin agua. Sin agua “no sobrevives más de tres días”, aseguraba este traficante.

 

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