LA RESPUESTA MILITAR DE CHINA A USA: EL CAZA FURTIVO J-20

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Fuentes : RT y  Sputnik

Editor: Patricio Mery

China desveló su caza furtivo de quinta generación J-20 en un salón aéreo nacional, el 2016.

El portavoz de la Fuerza Aérea china, a esa época,  Shen Jinke, afirmó que los cazas ayudarán a «garantizar la soberanía y seguridad nacional».

El Chengdu J-20 realizó ese año un vuelo de exhibición en el China International Aviation and Aerospace Exhibition en la ciudad sureña de Zhuhai.

El 2017, China Daily publicó una declaración de Chen Xiangbao, vicepresidente del Instituto de Materiales Aeronáuticos de la corporación china AECC en Pekín :

«No tomará mucho tiempo antes de que nuestro avión de combate de quinta generación tenga motores fabricados en China»

Según el analista y experto militar ruso, Vasili Kashin, actualmente, el proyecto técnicamente más complejo y arriesgado de la industria china es el J-20.

«Todavía no sabemos cuándo estará lista para el combate la primera partida de estos aviones, pero es evidente que el programa está avanzando de acuerdo a lo planeado».

Características

El J-20 es un avión de quinta generación con motor ruso AL31F, si bien Pekín ya está elaborando su propio propulsor, el WS-15. Fuentes cercanas al proyecto sostienen que los sensores y capacidades de lucha electrónica del J-20 son iguales a los del nuevo caza estadounidense F-35.

El J-20 es una aeronave monoplaza, grande y pesada, con motorización de doble turbina. Mide 20,3 metros de largo y 4,45 metros de alto; tiene una envergadura de 12,88 metros y un peso máximo al despegue de 36,3 toneladas. Cuenta con un compartimento para los misiles aire-aire y dos compartimentos laterales de armas más pequeñas detrás de las entradas de aire para los misiles aire-aire de corto alcance.

Según algunos expertos, con el modelo J-20 se pueden llevar a cabo diversas acciones militares como escolta de aviones bombarderos estratégicos e incluso ataques electrónicos, ya que tiene potencial para disparar misiles antisatélite.

Además de los cazas J-20 de quinta generación, China está desarrollando el caza furtivo J-31, que utiliza tecnologías de sigilo y tiene componentes de los cazas de la generación 4+ como el J-10B, el J-16 y el FC-1.

Un poco de historia

El diseño más viejo disponible se remonta hasta los años 1950, «cuando la Unión Soviética y la China comunista eran los mejores compañeros». En esa época, Moscú transfirió muchos tanques y aviones a Pekín junto a toda la tecnología.

Uno de los primeros aviones fabricados en China fue el J-6, un clon del supersónico MiG-19 que tenía la tobera del motor en el carenado. Pekín construyó miles de esos aparatos y casi todos, salvo algunas excepciones, han sido ya retirados. Están en servicio cerca de 150 unidades de su modificación rediseñada para realizar ataques a tierra, el Nanchang Q-5. Estos están equipados ahora con municiones guiadas de precisión.

Pese a la ruptura de la relación sino-rusa a finales de la década de 1950, en 1962 la URSS ofreció a China una docena de nuevos cazas MiG-21 como parte de una iniciativa de reconciliación. Pekín rechazó la oferta pero retuvo los prototipos, que fueron sometidos a una ingeniería inversa. Así apareció el Chengdu J-7, más robusto, aunque también más pesado que el original.

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Su producción comenzó lentamente «debido al caos de la Revolución Cultural», pero entre 1978 y 2013 las plantas chinas fabricaron miles de unidades de distintas variantes de estos cazas con el fuselaje en forma de lápiz. Cerca de 400 todavía forman parte de la aviación naval y terrestre del país.

En lugar de dar de baja a los J-7 con la llegada del nuevo milenio, China se dedicó a mantenerlos competentes. En 2004 se incorporó la modificación J-7G con un radar Doppler de fabricación israelí con un alcance de detección próximo a 60 kilómetros. Para el mismo, mejoraron también los misiles e introdujeron una cabina de cristal digital.

Otro clon de la era soviética es el Xian H-6, un bombardero estratégico bimotor desarrollado a partir del Túpolev Tu-16 de los años 1950. Aunque menos capacitado que los bombarderos Boeing B-52 o Túpolev Tu-95, el H-6Ksigue siendo relevante porque puede lanzar misiles de crucero pesados ​​de largo alcance hacia objetivos navales o terrestres a distancias de hasta 6.500 kilómetros sin entrar en la zona de cobertura de la defensa aérea del enemigo.

Originalmente, el Xian tenía la misión de portar armas nucleares, pero la Fuerza Aérea china parece ya no estar interesada en este papel. Se informa que Pekín está desarrollando un nuevo bombardero estratégico de esta familia, el H-20, pero se tiene poco información sobre él.

Inovaciones caseras

China comenzó a desarrollar aviones de genuino diseño local a mediados de los 1960, pero el debut de estos no llegó hasta en 1979, cuando despegó el interceptor supersónico Shenyang J-8. Podía alcanzar la velocidad Mach 2,2, aunque carecía de aviónica moderna y maniobrabilidad. 150 unidades de su versión posterior, el J-8II, todavía están en servicio.

Estos disponen de radares israelíes dentro de un nuevo carenado puntiagudo. En opinión del periodista, es una plataforma de armas rápida pero pesada, algo semejante al F-4 Phantom de EE.UU.

Un espectáculo aéreo en Pekín / Reuters

Los doscientos Xian JH-7, conocidos como ‘leopardos volantes’, entraron en servicio en 1992. Se trata de potentes cazabombarderos biplaza navales de dos asientos que pueden portar hasta 9 toneladas de bombas a una velocidad máxima de Mach 1,75. Siempre que eviten un combate aéreo, tienen una capacidad destructiva enorme.

El Chengdu J-10, por el contrario, es el análogo chino del F-16 Fighting Falcon, un caza polivalente muy maniobrable y con una gran aviónica, que compensa cierta inestabilidad aerodinámica de su fuselaje. Actualmente, su fabricación depende del suministro de los turborreactores rusos AL-31F. Algunos de sus dispositivos son auténticamente del siglo XXI, como los sistemas avanzados de búsqueda y seguimiento por infrarrojos y un radar de vanguardia AESA, que no todos los F-16 tienen. Sin embargo, entre las 250 unidades fabricadas ha habido muchos accidentes con víctimas mortales, posiblemente relacionados con algunos problemas en el sistema de pilotaje por mandos electrónicos.

Solución trascendental

En los peores tiempos para la economía de Rusia, después de la disolución de la URSS, los chinos llamaron a la puerta de su vecino del norte para pedirle los entonces más modernos cazas Sukhoi Su-27. La decisión de venderles varios resultó trascendental, destaca el autor. Ahora, una extensa familia de aviones derivados de este modelo, comparable con el F-15 Eagle, «forman el núcleo de la fuerza de combate moderna de China».

Después de importar el lote inicial de Su-27, Pekín compró una licencia para construir su propia copia, el Shenyang J-11, y luego comenzó a construir de forma independiente dos modelos más avanzados, los J-11B y D.

Un caza Sukhoi Su-27 de la Fuerza Aérea china / Wikimedia

Moscú se sintió irritado, pero aún así vendió a China 76 unidades del modernizado caza polivalente Su-30 (designado Flanker en la OTAN). Estos análogos del F-15E Strike Eagle para el ataque naval y terrestre también sirvieron de inspiración para los diseñadores chinos. Así confeccionaron su propio modelo derivado: el Shenyang J-16 (Red Eagle), que cuenta con un radar AESA, y el Shenyang J-15 Flying Shark, un caza adaptado para los portaviones. Alrededor de una veintena de ellos están desplegados actualmente sobre la cubierta del Liaoning.

A continuación apareció también el J-16D, un caza de contramedidas electrónicas.

Los derivados chinos de los Sukhoi pertenecen en teoría a la cuarta generación, como el F-15 y el F-16. Su vulnerabilidad principal son sus motores turbohélice WS-10 de fabricación nacional, que han sufrido problemas de mantenimiento y no producían suficiente empuje. La tecnología de motor a reacción sigue siendo la principal limitación de los aviones de combate chinos en la actualidad. Roblin no descarta que Pekín vuelva a comprar turborreactores rusos para solucionar el problema.

Los avances furtivos

En un período de tiempo notablemente corto, China desarrolló dos modelos distintos de cazas furtivos. Veinte Chengdu J-20 fueron comisionados en 2017. Se trata de un gran bimotor con velocidad y alcance optimizados con capacidad de cargar armas pesadas a expensas de la maniobrabilidad. El J-20 podría ser adecuado para ataques sorpresa contra objetivos terrestres o navales.

El caza polivalente furtivo Shenyang J-31 / Wikimedia CC BY-SA 4.0

Mientras tanto, el Shenyang J-31, que por el momento solo tiene dos prototipos construidos, es más pequeño y representa un remodelado bimotor estadounidense F-35 Lightning. Posiblemente la corporación fabricante utilizó para su construcción diseños ‘hackeados’ de las computadoras de Lockheed Martin.

En EE.UU. temen que los proyectistas chinos puedan haber desarrollado una aerodinámica superior respecto a los prototipos que les permitirían el despegue o el aterrizaje vertical. Lo que les faltaría, aún así, son los sofisticados sensores que se añadieron posteriormente al supuesto robo de datos.

El proyecto J-31 puede servir para los portaviones tipo 002 y también para las exportaciones de una alternativa al caza F-35 con un precio mucho más bajo.

 

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