Angkor Wat: símbolo de una cultura ancestral

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Por Susana Alfonso Tamayo
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“…una construcción de tal modo extraor­dinaria que no es posible describirla por escrito, especialmente diferente de cualquier otro edificio en el mundo“.

Así describió el templo de Angkor Wat, en Camboya, el fraile capuchino portugués António da Madalena, considerado el primer occidental en visitar el santuario escondido en la jungla asiática.

No le faltaba razón al sacerdote. Quienes han tenido la oportunidad de visitar esa fu­sión de la obra humana y la madre naturale­za, la describen como una experiencia mági­ca, espiritual e irrepetible.

Y si aún quedaran dudas respecto a la trascendencia de ese patrimonio cultural, basta comentar que Angkor Wat se ha con­vertido en un símbolo de Camboya, al punto de figurar en la bandera del país.

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Resultado de imagen para Angkor Wat:Dedicado inicialmente al dios Vishnú — deidad protectora del hinduismo—, Angkor Wat representa la tipología del templo-monte y consta de tres recintos rectangulares con­céntricos de altura creciente. Dos elementos sobresalen en la edificación: sus cinco torres en forma de loto, la mayor de ellas de 65 me­tros de altura, y su lago perimetral de 3,6 kiló­metros de longitud y un ancho de 200 metros, una especie de espejo adornado por la típica planta acuática de la región oriental.

De igual modo, sobresalen por su belleza las decoraciones bajorrelieve, que hacen de las paredes un libro abierto que invita a co­nocer historias épicas, bailarinas celestiales y Devas, así como restos de pinturas mura­les, encontradas y analizadas recientemente pese a su deterioro.

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Angkor Wat constituye el templo hinduis­ta más grande y mejor conservado de los que integran el asentamiento homónimo, en Camboya. El recinto fue el epicentro político y religioso del imperio jemer, que compren­de además de ser raíz y savia del moderno Reino de Camboya, los territorios de Tailan­dia, Laos, Vietnam y Myanmar.

Su construcción forma parte de una tra­dición iniciada por el rey Jayavarman II, en la época dorada del imperio, de erigir grandes obras religiosas para reforzar la ascendencia de los regentes. La edificación estuvo impul­sada y dedicada a Suryavarman II; y las labo­res duraron 37 años, pues se vieron interrum­pidas con la muerte del soberano, alrededor del año 1150.

Resultado de imagen para Angkor Wat:Luego de esto, el santuario sobrevivió al saqueo de los cham (un pueblo ubicado en el actual Vietnam); las continuas con­versiones de los regentes del hinduismo al budismo, y viceversa; y a la decaden­cia del imperio, que llevó al abandono de los templos durante los siglos siguien­tes. No obstante, durante esa prolonga­da etapa de olvido, los monjes budistas permanecieron en Angkor Wat hasta que una expedición francesa se atribuyó el redescubrimiento del sitio de alto valor arqueológico.

En 1898, la École Française d’Extrê­me-Orient comenzó las labores de con­servación, en la época en que Camboya había pasado a ser protectorado de la nación europea. Sin embargo, los traba­jos se vieron interrumpidos en los años 70 por la Guerra civil camboyana y la revolu­ción de los Jemeres Rojos, surgida a raíz del descontento de los líderes de clase media educados en Francia, con el apo­yo de Estados Unidos, y que instauró una dictadura sangrienta, a causa de la cual se estima murieron entre uno y tres millones de camboyanos.

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No fue hasta 1992, cuando Angkor fue declarado Patrimonio de la humanidad — ya con el regreso de la estabilidad a la na­ción—, que el santuario se adentró en una época dorada, y se convirtió en importante destino turístico.

Un significativo por ciento de los más de 4 millones de turistas que anualmente visi­tan Camboya, eligen la más hermosa loca­ción del filme Lara Croft: Tomb Raider como parte de su periplo.

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