No olvidar: Cuando los marines yanquis profanaron la memoria de José Martí

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La presencia de buques de la armada estadounidense en el litoral habanero y en su rada, eran frecuentes antes del triunfo de la Revolución. Aquí mantenían una base naval—cuya devolución Cuba continúa reclamando— y una Misión Militar de las tres armas, que tenía su sede en el campamento de Columbia, hoy Ciudad Libertad.

En ese tiempo, los gobernantes cubanos serviles a Washington se esmeraban por mantener unas relaciones cordiales con el poderoso vecino del norte, sin importarles la políticainjerencista que siempre aplicaron sobre nuestro país.

De ahí que se realizaran las frecuentes visitas «amistosas» de las naves de guerra yanquis a La Habana, con cientos de marinos dispersos por la ciudad o, mejor dicho, por bares y prostíbulos.

De esas visitas quedan imágenes y recuerdos de personas ya mayores, que presenciaron las riñas en los bares, los insultos y la falta de respeto a los transeúntes, así como los destrozos enlos comerciosque causaba aquella ebria marinería yanqui.

El 11 de marzo de 1949: El agravio a Martí

Un convoy de unidades navales estadounidenses, encabezado por el portaaviones USSPalau, arribó al litoral habanero el 10 de marzo de 1949. Lo integraban, además, los barreminas USS Rodman, USS Hobson y el USS Jeffers, así como el remolcador USS Papago.

Al siguiente día la marinería, temprano en la mañana, embarcaba en lanchas rumbo a la ciudad para disfrutar de un pase. Ya en la noche, un grupo de uniformados de la Navy, casi ebrios como lo delataban sus comportamientos, se dirigió al Parque Central.

Y allí ocurrió lo que nadie siquiera imaginaría.

Uno de ellos comenzó a trepar por la estatua del Apóstol José Martí hasta quedar sentado a horcajadas sobre sus hombros, utilizándola como urinario público.

Abajo, otro comenzaba su ascenso por la escultura de mármol en medio de las risotadas y el aplauso del resto de los marines.

La patriótica  reacción del pueblo y la vergonzosa represión en contra de los indignados y  los estudiantes

La reacción de los cubanos indignados no se hizo esperar. De un cercano bar trajeron botellas y otros objetos que fueron lanzados a los profanadores de la estatua.

Casualmente, en ese momento cruzaba por el parque Fernando Chaviano, un fotógrafo ambulante que se dedicaba a retratar a los turistas de esa zona. Sin pensarlo dos veces, tomó las fotos de los marines en el momento del ultraje.

Inmediatamente la policía, que se había mantenido pasiva ante el agravio, intervino para proteger a los marines de la ira del pueblo y arremetió contra los que «alteraban» el orden público.

Pero no fue posible disolver aquella multitud, por lo que no les quedó más remedio que montarlos en un auto de la policía y llevarlos para la Tercera Estación, que estaba muy cerca.

Al día siguiente el diario Alerta publicaba las fotos en primera plana. También las reproducían las revistas Bohemia y Carteles; el periódico Hoy, y las agencias internacionales de noticias. Otros medios, sin embargo, nada publicaron.

La reacción del pueblo fue unánime al repudiar tan deleznable hecho. A las redacciones de los periódicos llegaban mensajes de veteranos de la guerra de independencia, intelectuales, obreros, estudiantes, y todo el pueblo que pedía sanción para los culpables.

La intervención de la embajada de EE.UU.

La repulsa se incrementó al conocerse que los marines habían sido liberados. En efecto, a las pocas horas de ser encarcelados se presentó en la estación de policía el agregado naval de la embajada yanqui, quien reclamó y les fueron dados todos los detenidos.

En aquel entonces la embajada de Estados Unidos radicaba en un vetusto edificio en la Plaza de Armas deLa Habana Vieja, y frente a ella se congregó una enorme multitud que lanzaba gritos de protesta, entre ellos los estudiantes y miembros de la FEU – Federación Estudiantil Universitaria.

La misión diplomática permanecía cerrada a cal y canto, por lo que algunos manifestantes comenzaron a lanzar piedras sobre su fachada. A los pocos minutos salió el embajador al balcón al mismo tiempo que irrumpía en la Plaza de Armas un contingente del policía encabezado por el jefe de ese cuerpo.

Inmediatamente los uniformados cargaron sobre los manifestantes a palos y fustazos, rompiendo brutalmente los grupos. Recibieron contusiones en el cuerpo los estudiantes universitarios Fidel Castro, Lionel Soto, y Baudilio Castellanos (Bilito), quien protegió con su cuerpo al también estudiante y dirigente de la FEU Alfredo Guevara, convaleciente de una enfermedad; entre otros jóvenes.

Los estudiantes muestran a la prensa la salvaje golpeadura propinada por la policía al joven Baudilio Castellanos. A la izquierda Fidel Castro Foto: Bohemia

Resultaba indignante que la policía, que nada había hecho para impedir el ultraje a Martí, protegiera a los marines de la ira del pueblo,y luego los entregara a sus superiores en lugar de retenerlos para juzgarlos por las leyes cubanas, tratara de sofocar la digna repulsa.

Ante esta situación el embajador yanqui se trasladó, seguidos por dirigentes de la FEU, hasta el ministerio de Estado (Relaciones Exteriores) que en aquel entonces estaba situado en una antigua residencia en la Avenida de las Misiones.

En el despacho del Canciller entregó unas declaraciones que traía escritas, lamentando públicamente lo ocurrido. La nota sería leída a la prensa, pero algunos miembros de la FEU, no se sabe cómolograron colarse en el salón de espera donde estaban los periodistas.También estaba previsto hacerlo en el Parque Central, cuando fuera a colocar una ofrenda floral.

El embajador, acompañado por funcionarios de la embajada y de la Cancillería, salió al encuentro con los periodistas y comenzó a leerles la nota de desagravio.

El segundo agravio

Aparentemente todo marchaba bien hasta que citó que, si bien algunos «marines» habían cometido ese acto condenable, otros «marines» habían ayudado a Cuba a obtener su independencia.

Inmediatamente el estudiante Alfredo Guevara súbitamente lo interrumpió replicándole:

«Usted no tiene derecho a pronunciar esas palabras mientras el gobierno imperialista de Estados Unidos mantenga ocupada la Base Naval de Guantánamo».

Para el gobierno la afrenta a José Martí quedaba zanjada con esas declaraciones del embajador y con lavar la estatua con agua a presión, como así sucedió.

LA DENUNCIA DE FIDEL

Poco después, según consta en el libro Antes del asalto al Moncada, una representación estudiantil encabezada por Fidel Castro, Baudilio Castellanos, Alfredo Guevara, Lionel Soto y otros jóvenes, formulaban las siguientes declaraciones :

«Ante el bochornoso vejamen que sufriera la estatua del más grande representativo de nuestra dignidad patria: José Martí, un grupo de estudiantes organizó un acto de protesta frente a la embajada de Estados Unidos, demandando que aquellos autores del suceso fueran juzgados por tribunales cubanos. Cuando estábamos frente a la embajada se aparecieron cinco perseguidoras, dirigidas por el coronel Caramés, cuyos ocupantes, con fustas y pistolas, agredieron brutalmente al público que se había congregado para escuchar nuestras palabras. Paradójicamente, policías cubanos atacaron a estudiantes y al pueblo que sólo trataban de defender la dignidad patria mancillada. ¿Por qué no desplegaron esa agresividad y celo frente a los osados marineros que ultrajaron a nuestro más grande prócer?».

Dos marines estadounidenses ultrajan la estatua de nuestro Apóstol José Martí, situada en el Parque Central de La Habana, el 11 de marzo de 1949 Foto: Fernando Chaviano
Dos marines estadounidenses ultrajan la estatua de nuestro Apóstol José Martí, situada en el Parque El marine sentado a horcajadas recibe la repulsa de la multitud que se fueron congregando en el Parque Central Foto: fernando Chaviano
La prensa de la época calificó como un «incidente» la afrenta a José Martí Foto: Bohemia
El grupo de marines retenidos en la Tercera Estación de Policía. Allí son protegidos de la multitud que pide su ejemplar castigo Foto: Bohemia
Un policía conduce a dos de los marines que han protagonizado el ultrajante hecho en el Parque Central de La Habana Foto: Bohemia
En un calabozo de la Estación de Policía son retenidos los marines, que poco después serían entregados a un oficial de la Marina estadounidense Foto: Bohemia
Elocuente imagen donde podemos observar los insolentes rostros de quienes saben que nada les sucederá porque son «marines» estadounidenses Foto: Bohemia
Los marines retenidos les fueron entregados a un oficial de la armada yanqui que acudió a la Estación de Policía Foto: Bohemia
Una multitud de personas manifiestan su repudio frente a la embajada de Estados Unidos en la Plaza de Armas Foto: Bohemia
Los estudiantes muestran a la prensa la salvaje golpeadura propinada por la policía al joven Baudilio Castellanos. A la izquierda Fidel Castro Foto: Bohemia
El embajador de Estados Unidos, Robert Butler, al centro. A su derecha el canciller Carlos Hevia, y a la izquierda el dirigente de la FEU Alfredo Guevara Foto: Bohemia
Para el gobierno la afrenta a José Martí quedaba zanjada con las declaraciones del embajador yanqui y con lavar la estatua con agua a presión, como así sucedió Foto: Bohemia
La policía carga contra los manifestantes frente a la embajada de Estados Unidos. Estudiantes, trabajadores y pueblo en general son golpeados por las fuerzas represivas Foto: Arístides
La multitud congregada frente a la embajada de Estados Unidos lanzaba piedras contra el edificio y gritos de protesta, entre ellos un numeroso grupo de estudiantes universitarios Foto: Arístides
A la izquierda el canciller Hevia, al centro Robert Butler, embajador de Estados Unidos, junto a un grupo de estudiantes un universitarios que acudieron a protestar al ministerio de Estado Foto: Fernando Lezcano
El embajador de Estados Unidos R. Butler y el agregado naval de la embajada, capitán Gullen, saludando la estatua de José Martí, durante el acto de desagravio Foto: Fernando Lezcano

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