EL CORONAVIRUS EN LAS CÁRCELES.

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Ecuador, Artículo de Xavier Lasso.

Dos cárceles se exhiben impúdicas en este nuestro amenazado país. La de la Costa, Penitenciaría del Litoral, que la bordeas desde una carretera hoy bastante buena. Azul con gris son sus colores y, no puede faltar el alambrado de púas, como si fuese campo de concentración, en realidad debe serlo para esa población presa. He pasado por ahí, con el mismo estremecimiento, cientos de veces cuando he escogido la ruta Empalme Quevedo, o al revés, para ir o venir de Quito; la otra, la de Latacunga, más nueva, hecha para aliviar el hacinamiento, violatorio de elementales derechos humano, que nos valió permanentes observaciones de la misma Naciones Unidas frente a nuestro compromisos con esos derechos.

Era una época distinta, nos habíamos tomado en serio esas observaciones y se hizo un esfuerzo para darle un poco de aire a las personas privadas de libertad, hasta las palabras las cambiamos: “personas privadas de libertad” decíamos, como para concienciarnos de que aun en esas condiciones no habías perdido todos tus derechos. Hoy volvemos al viejo discurso: los presos, porque las políticas sociales son otras, han vuelto al penoso lugar que les asigna el neoliberalismo, ese que prefiere pagar deuda a la defensa de la vida.En una de esas cárceles, Latacunga, está preso Jorge Glas.

He pensado en él muchas veces y hoy más: su vida está brutalmente amenazada y claro, esos rostros largos, sin atisbos de humanidad, no han dicho nada de lo terriblemente peligrosas que son las cárceles en esta época tan cruenta de coronavirus.Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, hoy Alta Comisionada de Derechos Humano de Naciones Unidas, sí ha dicho bastante y le ha advertido a la humanidad entera sobre el alto riesgo que hoy sufre la población carcelaria. La situación es muy crítica, nos interpela a todos. En Londres, en la prisión de Belmarsk, se encuentra Julian Assange, con precaria salud, maltratado sicológicamente y amenazado con deportación a Estados Unidos para que cumpla una pena de mínima 170 años. Todos los cargos se han ido desvaneciendo, pero queda la ira de Estados Unidos, y la complicidad de José Valencia, el ministro de relaciones exteriores de nuestro país, que lo quiere ver con sus huesos en una cárcel por el atrevimiento de haber desvelado los atropellos estadounidenses contra el resto del planeta.Amado Boudou, ex vicepresidente de Argentina en tiempos de Cristina Fernández, ha hecho una petición de fianza, para poder pasar la cuarentena en casa, si quieren con grillete y todos los recaudos que se imaginen. La cuestión solo apunta a preservar la vida de gente que, por su notoriedad, está aún más amenazada. En el caso de Boudou apareció hace poco una prueba que deja claro que un tal Alejandro Vandenbroele testificó en su contra a cambio de un millón y medio de pesos.

Es que así se han ido levantando muchas de estas causas, con sus matices, contra gente, nada perfecta, pero sí incomoda para un statu quo que busca perpetuarse a pesar del enorme daño infligido a todos nosotros.¿Quién se hará cargo si a Jorge Glas le llegase a pasar algo en esta brutal crisis? Se ha dicho que fue muy corrupto, en el colmo del delirio se ha sostenido que todo su plan para cambiar la matriz energética, en realidad diseñada, en las líneas básicas, desde tiempos de Rodríguez Lara, lo hizo para robar, robar en grande debido a las enormes inversiones que significó ese cambio, que acabó con nuestros apagones, muy propios de ese paisito de las barcazas y de políticos hambreadores y sinvergüenzas. Deben enseñar las pruebas definitivas, a Glas lo han espulgado cientos de veces, su casa, su familia, la han sacudido desde todos los lados, y nada. Pero como Jorge Glas fue juzgado por los medios, que nunca pararon el linchamiento mediático, lograron posicionar en las mentes de la gente su delito. Pero la justicia no la hacen los medios, y las sentencias se labran con pruebas irrefutables, no con dichos.¿Quién se hará cargo si a Jorge Glas le pasa algo, peor en medio de estas enormes dudas que todo su caso nos ha dejado? ¿Quién? No permitamos otro atropello que podría ser irreparable en este caso. Carondelet no moverá un dedo, ¡cómo¡ si para anunciar el cambió en el toque de queda se usa un tuit, sin que un rostro aparezca para intentar dar algo de confianza. Aun confinados no debemos callar.

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