Ecuador: ¡CRUCES SIN NOMBRE!

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Por Marisol Bowen artista y escritora

Una mesa, un par de personas y un frasco de gel acompañaban las medidas de seguridad de Ecuador en los aeropuertos, ante un virus del que anunciaban hace meses su voraz peligro. 29 de febrero de 2020, la entonces Ministra de Salud informaba que el primer caso de coronavirus había entrado al país. Ese día, cuando se pudo evitar la terrible magnitud del desastre, cambió para siempre nuestra historia.

En el mismo instante que escribo este artículo, un hombre lleva siete días muerto en su casa ubicada en Urdenor, Guayaquil. Su cuerpo inerte se descompone ante los ojos y el dolor de su hermano. Esta lamentable verdad se repite de manera angustiante, mientras las muertes y el olvido del gobierno nos va minando a todos. ¡Al final si decidieron quien vive y quien muere!

Cuando moreno dijo que nos odiaba, pensé honestamente que se trataba de un ridículo desatino producto de su complejo de cómico frustrado, ¡jamás imaginé que fuera tan brutalmente cierto!

Prefirió pagar 325 millones a la deuda y no direccionar esos recursos a la emergencia. La incapacidad y la crueldad han quedado expuestas en infinidad de videos, una verdad que viven quienes son obligados a convivir con el dolor y la muerte, quienes buscando ayuda son tratados por el gobierno como mentirosos o “Fake News” del Correísmo. Una verdad  negada con descomunal cinismo, mientras en dos días el Guayas registraba más de 700 muertos y Jorge Wated, -a cargo del manejo de los cadáveres en medio de su paupérrimo trabajo- indicaba una cifra escalofriante de 2.500 y 3.500 fallecidos, hasta que medios internacionales como CNN, BBC Mundo, RT Noticias, Telesur, Telemundo entre otros, pusieron sus ojos sobre este pequeño país golpeado por la pandemia, la indolencia y la desidia, solo entonces la verdad arrinconó al gobierno y el mundo empezó a conocer la realidad. Esto motivó a varios Presidentes a tomar al gobierno del Ecuador como un mal ejemplo, un gobierno que oculta la verdad para intentar aplanar la curva aterradora de muertes y contagios, ¡no con soluciones sino con muertos! Moreno no tuvo opción, en lugar de tomar acciones legales como corresponde por burlar la fe pública con criminales consecuencias y renunciar aunque sea por vergüenza, reconoció públicamente que mintió, que las cifras oficiales se quedan cortas y pidió que se transparenten. Como si quienes ocultaron la verdad fueran los funcionarios del inhumano gobierno de Neptuno y no el suyo.

Debemos entender que las pruebas para detectar los casos de Covid-19 -que el gobierno ha tomado de forma deportiva- son imprescindibles para actualizar las cifras en tiempo real, para monitorear el alcance del virus en el país y que el gobierno refuerce las medidas, direccione la ayuda, no colapse el sistema de salud y que las personas podamos conocer la ruta de la infección en provincias y ciudades. Es decir, sin las cifras reales, ¡hasta ellos van ciegos! Lo que ocultaron es información vital para protegernos, lo que hacen es criminal, ¡no solo nos borran de las cifras, nos están matando!

No conforme con eso y casi sobre los muertos, la persecución debe seguir en un país sin justicia ni estado de derecho, los Jueces violan el estado de excepción que suspende la libertad de asociación y reunión para llamar a audiencia en el caso “Sobornos”, entre cuyos involucrados se encuentran el expresidente Rafael Correa y el exvicepresidente Jorge Glas. Tan descabellado como ilegal, ¡pero la venganza primero que la emergencia!

Definitivamente la renuncia de todos sería lo pertinente para que la Asamblea, en el marco de sus facultades, designe un presidente que enfrente con responsabilidad la emergencia y que una vez superada la crisis llame a elecciones. Pero eso no ocurrirá porque la vida del pueblo es lo que menos importa, quedó demostrado en las protestas de octubre de 2019 y lo corroboramos ahora. En ese contexto, la Asamblea también puede tomar determinaciones constitucionales por la clara incapacidad para gobernar de Moreno y en base a sus propias declaraciones, a confesión de parte, relevo de pruebas. Pero al parecer la Asamblea también está pintada en la pared. La pregunta es: ¿Cuántos muertos más necesitan?

El sistema de salud pública ecuatoriana ya atravesaba una crisis debido a la inverosímil e irresponsable reducción del gasto público durante casi tres años de gobierno, lo que significó despidos de médicos -hoy tan necesarios- y un déficit presupuestario que acrecentó la crisis ante la emergencia. El expresidente Rafael Correa le dejó al país más de 400 Centros de Salud entre hospitales nuevos, repotenciados, especializados y subcentros; así como hospitales móviles con capacidad para 200 camas cada uno que bien pueden adecuarse para detectar y manejar los casos que no necesiten cuidados intensivos, en lugar de enviar a los pacientes a la casa donde muchos han muerto por falta de atención médica. Si, esos “elefantes blancos” -como los llamó Lenin Moreno, que ya no se construyen porque son difíciles de administrar y se escapan los pacientes- es donde hoy con sumo esfuerzo los médicos hacen lo imposible.

Mientras la alcaldesa de Guayaquil hace preguntas en Twitter, la misma que en las protestas de octubre cerró el puente de la Unidad Nacional y atrincheró al presidente que hoy le da la espalda a su pueblo, ¡una bandada de gallinazos circunda el cielo de un Guayaquil que huele a muerte! Guayaquil no merece lo que está sufriendo, no merece la alcaldesa que tiene ni el alcalde que tuvo. Es cierto que el destino de los pueblos lo definen sus propios hijos, pero jamás será un pecado haber sido engañados por años con un modelo que jamás fue exitoso y que hoy los mira morir. ¡No es pecado creer!

En mitad de un escenario escalofriante, muertos y personas agonizando en las casas, en las calles y en las puertas cerradas de los hospitales donde, por falta de pruebas de Covid-19 o por ocultar la verdad, se emiten certificados de defunción por “Neumonía viral no especificada”, llega el Presidente de Venezuela, Nicolas Maduro -para cuyo país y gobierno Moreno ha pedido endurecer el bloqueo- y en un acto de humanidad le ofrece a Ecuador apoyo científico, técnico y médico. El gobierno debe aceptar la ayuda ofrecida por la hermana Venezuela y derrumbar, en nombre de la vida, el muro de la ideología. De lo contrario sin ayuda internacional, sin recursos direccionados a la emergencia de forma oportuna, sin planificación y políticas públicas, sin los hombres que tras el terremoto del 2016 demostraron como se levanta un país en emergencia, Rafael Correa y Jorge Glas, uno perseguido y el otro preso sin pruebas; con una Corte Constitucional que nos manda a mendigar, con una silla vacía en la presidencia, con una Ministra de gobierno pérfida, con un Vicepresidente en campaña política y con un Ministro de salud que dice que el virus vuela, ¡solo nos quedará rezar! ¡Pero rezar con memoria!

La emergencia se les escapó de las manos y no tuvieron mejor idea “que echarle tierra al asunto”. Moreno junto a la Alcaldesa de Guayaquil y el Prefecto del Guayas optaron por un “Campo santo”, ¡ni Hitler habría podido disfrazar mejor el nombre de una fosa común!

El Director Municipal de Guayaquil indicó que la primera fosa sería para 300 cadáveres, en tanto que el Vicepresidente Otto Sonnenholzner indicó que estaba gestionando el espacio. Sin embargo ante el rechazo popular, aparentemente, el gobierno se retractó. Pero esto se contradice con la publicación de Diario Expreso, donde una mujer indica que se llevaron el cadáver de su esposo con la condición de no saber a dónde lo van a dejar, que si lo llegan a quemar será grupal y no sabrá que cenizas le pertenecen. Era eso o esperar con el cadáver.

¿Están mintiendo otra vez?, con un gobierno que es un cúmulo de mentiras y un montón de nada, ¡lo único que tenemos claro es que el pueblo está muriendo! Por eso hoy escribo el epitafio que levantará la historia sobre aquella fosa de cruces sin nombres. No aquel con el que buscarán encubrir sus rostros los miserables, no aquel con el que intentarán esconder sus culpas, ¡no! Un epitafio digno del dolor provocado, de la ineptitud criminal, de los que cubrieron con tierra fratricida las huellas insondables de la infamia. Un epitafio en honor a los olvidados hasta la muerte, a los que les negaron el derecho de una oración siquiera, de una tumba digna, de la flor de una esposa, de la congoja de un hijo, de la lagrima infinita de una madre. ¡El pueblo al que dejaron morir!

Aquí yacen las mujeres y hombres que clamaron auxilio,

los que murieron ahogados en la desesperanza,

los abandonados a su suerte, los que murieron con miedo,

los que murieron solos, ¡los que nadie pudo abrazar!

Aquí yacen los hijos que no olvidará la Patria,

hijos de la misma Bandera, ¡paridos por la misma entraña! 

¡Aquí yacen las víctimas mortales del gobierno más infame que conoció la historia!

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