EEUU y la guerra como respuesta a su derrota COVID19

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Por Alejandro Navarro Brain Senador de la República de Chile

El pasado 31 de marzo el Departamento de Estado de los Estado Unidos, emitió un documento en el que plantea un Marco para la Transición Democrática y Pacífica en Venezuela, exigiendo la dimisión del Presidente Nicolás Maduro, cabeza del Gobierno democrático y soberano de la República Bolivariana de Venezuela, a cambio de finalizar el bloqueo y proveer ayuda humanitaria, en el contexto de la pandemia de COVID-19 que asola al globo. Hasta ahí, nada nuevo, a pesar de lo irónico que pueda resulta que el país que actualmente es el epicentro del contagio y difusión del COVID-19, con más de 245 mil casos diagnosticados y más de 6 mil muertos, esté preocupado de la situación sanitaria de un país caribeño; en lugar de ayudar a sus más de 40 millones de pobres condenados a muerte por falta de asistencia. 

Sin embargo, este Marco para la Transición, que podría haber sido una chambonada más de la dupla compuesta por un empresario lunático y un psicópata (Trump y Pompeo) –a cargo de la potencia militar más grande la historia de la humanidad– coge una especial relevancia, en el contexto en que se propuso. El 27 de marzo, cuatro días antes del Marco para la Transición, el Gobierno norteamericano ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por la captura del Presidente Maduro, al más puro estilo del Lejano Oeste. El 1 de abril, solo un día después del Marco para la Transición, Trump anunció que duplicaría la capacidad bélica del Comando Sur en el mar Caribe y en el Pacífico Oriental.Bajo la excusa de luchar contra el narcotráfico, Estados Unidos envió un contingente de buques destructores, navíos de combate, aviones y helicópteros, para asediar las costas venezolanas; en circunstancias que según el Informe Anual de Drogas de 2019, realizado por la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), es Colombia y no Venezuela, el país que produce más del 70% de la cocaína que se consume a nivel mundial.

Algo huele mal en el Marco para la Transición Democrática y Pacífica en Venezuela, que si de democrático tiene poco, de pacífico nada.Estas tres acciones: (1) el Marco para la transición, (2) la puesta de precio a la captura del Presidente Maduro y (3) el reforzamiento del Comando Sur, son maniobras que no pueden pasar desapercibidas y que exigen el pronunciamiento de la comunidad internacional, por un lado, y la solidaridad de América Latina, por el otro, pues la coyuntura es particular.

Si partimos de lo inmediato, es evidente que la administración Trump requiere un distractor, que desvíe el foco del mal manejo sanitario que ha tenido ante la crisis del COVID-19, que lo ha llevado a afirmar con la poca vergüenza que lo caracteriza, que consideraría un “muy buen trabajo” tener solo 200 mil muertos, producto de la pandemia. Solo una mente retorcida, podría poner la frase “muy buen trabajo”, junto a la cifra de 200 mil muertos.Un daño a su imagen interna, que puede traerle consecuencias electorales; al que hay que sumar su derrota internacional ante China, que con un mes más de COVID-19 activo en su población, logró detener la expansión del virus con un tercio de los casos que Estados Unidos y la mitad de las muertes, que en la superpotencia americana no paran de subir.

Humillación clara y absoluta, ante su rival económico más fuerte.No obstante, el manejo mediático no es el único factor que hace a Estados Unidos querer abrir un conflicto en los mares del Caribe. El 27 de marzo pasado –el mismo día que Trump le puso precio al Presidente obrero Nicolás Maduro– el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) declararon a la economía mundial en recesión. Ese mismo día, Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos dijo: «Nuestra nación enfrenta una emergencia económica y de salud de proporciones históricas debido a la pandemia del coronavirus, la peor en más de 100 años». Acto seguido la Cámara aprobó un paquete de estímulos fiscales por 2 billones de dólares, lo que da cuenta de la real magnitud de la crisis.

El escenario que configuró Estados Unidos ese 27 de marzo, fue el siguiente: 

a- La amenaza internacional a la economía por el COVID-19, declarada por el FMI.

b- La contención nacional de 2 billones de dólares, aprobada por la Cámara de Representantes.

c- La salida internacional, poniendo como blanco al Presidente Nicolás Maduro y a la República Bolivariana de Venezuela, encabezada por Trump.


Ante la inminente recesión, Estados Unidos recurrió a lo que mejor sabe hacer en una crisis: la guerra. La guerra por la guerra, para generar un golpe de demanda hacia el Complejo Militar Industrial de Estados Unidos, ya que según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), las cien empresas de comercialización y fabricación de equipamiento militar y armamentos, facturaron 398.200 millones de dólares en 2017. De esas cien empresas el 42% son norteamericanas y concentran el 57% de las ventas. Al respecto, no habremos de olvidar jamás que la supremacía económica de Estados Unidos, se inauguró a partir del auge del negocio armamentista durante la Primera Guerra Mundial.La guerra contra Venezuela, porque no solo de guerras vive el Tío Sam.

Estados Unidos consume actualmente 20 millones 400 mil barriles diarios de petróleo y a pesar de que Trump ha procurado la autonomía del combustible, este sigue siendo de inferior calidad al extraído en Medio Oriente y en América Latina, manteniendo importaciones por un millón de barriles diarios desde el Golfo Pérsico. 

El petróleo es y será vital para la economía norteamericana y Venezuela es el país con mayores reservas de petróleo del mundo, por sobre Arabia Saudí, Irán o Irak. Recordaremos entonces, que John Bolton señaló en enero de 2019: “Estamos conversando con las principales compañías estadounidenses ahora, (para que) produzcan el petróleo en Venezuela. Sería bueno para el pueblo de Venezuela y el pueblo de los EE.UU.”, aún no se aprecia el beneficio para el pueblo venezolano, pero para las corporaciones norteamericanas está claro.Estados Unidos, ha sufrido derrotas permanentes y sistemáticas en Venezuela, desde que en 2002 intentara dar un golpe de Estado contra el Presidente Chávez e iniciara un bloqueo económico, que solo entre 2013 y 2017 ha significado la pérdida de 1,6 PIBs para la República Bolivariana; a lo que habrá que sumar el ridículo internacional que ha hecho con el autoproclamado Presidente Juan Guaidó.

A pesar de ello, tras 18 años el imperio del norte insiste, y arremete de manera cada vez más frontal contra la patria de Bolivar. Los pueblos de América no podemos callar, ni muchos menos permitir que en un momento de crisis humanitaria, Estados Unidos amenace de muerte a la Patria Grande, para salvar su imagen y su economía. 

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